Alfonsín
El fallecimiento de Alfonsín ha suscitado un interesante movimiento en la web; el recuerdo en general respetuoso y afectivo, pero también el debate político en donde en más de una ocasión se recuerda no con simpatía su paso por la presidencia de la Nación.
Facebook fue uno de esos ámbitos, en el que particularmente expresé mi tristeza por la partida de quién fuera el primer presidente de la democracia. Las respuestas y comentarios en general fueron positivos, pero también hubo casos en los que se recordó algunos tristes acontecimientos ocurridos en su gobierno; como por ejemplo en este post: "... metió presa gente sin dictar el estado de sitio -violando todas sus garantías-, que hizo tomar el cuartel de La Tablada para ganar una elección, que nos metió en el peor proceso de hiperinflación ... que que tenía a Campero que era peor que Moreno, que hizo la Operatoria 830 en el Banco Hipotecario ... que país con poca memoria que es el nuestro... se tuvo que escapar de su gobierno 6 meses antes de terminarlo por el quilombo económico que el mismo armó...".
Aun pudiendo concordar con la descripción de estos hechos históricos, creo que es importante entender que independientemente de ello, para muchos de nosotros -especialmente para aquellos que nos dedicamos a la política en esos primeros años de democracia- Alfonsín representa una enorme cantidad de cosas.
Primero, un político de raza, un orador como no recuerdo otro, un constructor de poder impresionante.
Una figura definitivamente carismática que cautivó a millones de ciudadanos como los que fueron a despedirlo al congreso. Desde lo político, sencillamente admirable.
Segundo, un tipo de convicciones. Equivocadas para muchos -me incluyo- pero una persona de la que se podía preveer que iba a hacer y cómo iba a actuar, difícilmente lo encontraras de un lado un día y del otro al siguiente como está tan de moda ahora.
Tercero -y a pesar de lo que se menciona en el post que cité- una persona que creía en las instituciones y en la necesidad de que funcionaran correctamente como parte esencial del funcionamiento de una sociedad. Quise evitar hacerlo, pero no puedo contener la necesidad de compararlo con los actuales gobernantes, que ocultan fondos públicos sin decirnos donde están, que mienten estadísticas, que compran voluntades sin pudor, etc.
Este hombre, al lado de esto, era sin lugar a dudas un lujo.
Distinto fue el caso de su capacidad para gobernar. Creo que está fuera de discusión que la economía no era su fuerte y que eso fue el talón de aquiles permanente de su gobierno.
Pero creo también que hay que decir que con un contexto económico mundial como el que tuvo Kirchner, probablemente hubiera pasado a la historia como el estadista más grande que hubiera tenido la Argentina en el siglo pasado, pudiendo ocuparse de consolidar las instituciones en lugar de lidiar con tanto chubasco económico.
Lamentablemente no tuvo esa suerte; esa que a los K les sobró hasta ahora, y que le fue esquiva no sólo él, sino también a Menem que soportó tres grandes crisis internacionales y por supuesto a su correligionario De la Rúa; quién, como Alfonsín, no logró capear la situación y tuvo que abortar antes su mandato.
En definitiva, un lujo de político, un referente para mi generación, un demócrata cabal y convencido, con el gran karma radical de la recurrente incapacidad para llevar adelante el país en épocas tormentosas.
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