Final
Chau Castro.
Aunque otro Castro siga en el poder “Castro” el verdadero ya no estará más.
No puedo dejar de tener la misma sensación que cuando tuve la oportunidad de visitar Berlín en 2002 y pensar no ya en el régimen con sus características predominantes, sino en aquellos que no tuvieron opción de vivir otra realidad, aquellos cuya vida prácticamente transcurrió dentro del régimen comunista.
Pienso en aquellos cuyas edades son similares a las de el mismo Castro, quizá un poco menores, ellos casi no conocieron otra cosa. No pudieron nunca elegir a sus gobernantes, no pudieron salir de su país, no pudieron estudiar lo que querían, no pudieron poseer ningún tipo de bienes excepto los que el gobierno les cedió, no pudieron ser responsables de su futuro, no pudieron siquiera elegir en qué ciudad vivir, y lo que es más importante de todo, no pudieron opinar, expresarse o disentir con la línea de pensamiento dominante.
No fueron solamente educados, también fueron “adoctrinados” en todo el alcance de la palabra. Basta con entrar a una escuela cubana para entender cómo funciona el sistema educativo, basta con ver los libros en su biblioteca para que uno pueda darse cuenta de que no hay lugar para otra cosa que para la línea oficial del régimen y para aquellas publicaciones que apoyan la “causa”. No hay variedad, no hay oposición.
Quizá ellos no hayan sufrido tanto como quienes nacieron y vivieron en Berlín oriental en los albores del siglo y tuvieron que vivir dos guerras, a Hitler y luego el comunismo. Pero aun así ha sido seguramente más que suficiente.
Pienso en esas vidas dirigidas, limitadas, pienso en los que intentaron irse y no lo lograron, pienso en aquellos que se fueron y sufrieron el desarraigo durante tantos años y todavía piensan en volver, en aquellos que quizá hoy estén ansiosos esperando una señal que les de una esperanza de que en breve en su tierra natal también haya democracia y libertad.
Tardará más o menos, pero estamos presenciando el momento histórico del final de esta ridícula experiencia que se llamó “comunismo” y que condenó a millones de habitantes en el mundo a vivir no sólo en la austeridad rayana con la pobreza –ese sistema supuestamente igualador ni siquiera pudo contra ella– sino también en el más absoluto ostracismo en nombre de una pregonada igualdad.
Tampoco puedo evitar pensar en todos aquellos que contribuyeron en mayor o menor medida a que esto se termine, algunos a costa de su propia vida.
Duró demasiado y a muchos les fue la vida en ello. Pero quizá sirva como ejemplo para el futuro de la humanidad; para que en nombre de ningún beneficio económico o social sea necesario nunca resignar la libertad.
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