París opaca a las demás

Conocí París en el mismo viaje en el que conocí Londres, aun cuando estuve allí por tan sólo tres días fue suficiente como para que en aquella oportunidad opacara mi imagen sobre Londres.
Luego me tocó volver a la capital británica en varias oportunidades y pude descubrir esa ciudad en todo su esplendor.
Años después he vuelto a París. Esta vez con mucho más tiempo para disfrutarla. Coincidió también que en el mismo viaje visité Londres.
París… guau… qué ciudad…
Definitivamente otra dimensión, con Londres diría que es difícil de comparar, pero enamora de otra manera, se respira un aire de buena vida, de espacios abiertos, de goce y disfrute que es difícil de encontrar en otros lugares.
Una sola cosa me llamó la atención por la manera en que rompía el clima con frecuencia: las sirenas. Si, por lo menos una vez por día, varios móviles policiales hacían notar su presencia en el centro de París. Desconozco si con motivos valederos, pero lo cierto es que era bastante perturbante en un contexto que definitivamente no merece ser perturbado.

Comer en Paris
Caro, claro, sobre todo para los argentinos. Comer en París tiene sus trucos. Comer bien cuesta caro, pero hay alternativas. Personalmente desaconsejo la típica “formule” que ofrecen los cafés y restaurantes para el almuerzo o cena. Suelen ser platos muy básicos y si bien son baratos para el estándar parisino, son definitivamente caros para lo que son.
Lo único que he podido rescatar cómo interesante de las veces que he probado “la formule”, es la “soupe l’ognion”. Cómo típico plato francés, vale la pena probarlo, y calculo que no debe ser algo complicado de cocinar, ya que he comido varias buenas versiones de este plato. Volviendo al tema de la formule, definitivamente es mejor pedir un buen plato de la carta. Otra alternativa muy interesante en París y por lo que vi absolutamente infravalorada son los restaurantes orientales.
Está claro que si uno va a Francia, prefiere probar platos locales. Sin embargo en algunas ocasiones incursioné en esta variante y los resultados fueron excelentes. En el primer “chino” al que fui, ubicado en la zona del Marais, la comida clásica de ese país era exquisita, su precio increíblemente barato para el contexto y muy bien preparada. En otra oportunidad otro chino me sorprendió con una carta que incluía platos Vietnamitas y Tailandeses. Pedí una entrada de Vietnam (unos ravioles al vapor con menta) y un plato tailandés. Ambos excelentes. El precio: más barato que “la formule” y definitivamente muy superior.
Una alternativa imperdible para comer al paso son los puestos de baguettes y crepes, tan típicamente franceses como la fondue.

El trato
Recientemente leí un artículo en el diario, que hacía referencia a que el gobierno (no recuerdo si el de París o el Francés) había hecho público un comunicado en el cuál hacía conocer a la población que el turismo estaba decayendo fuertemente y que la razón principal era el maltrato que el visitante encontraba al visitar el país.
Yo no sé si fue eso que surtió el efecto buscado o si algún otro factor operó en este tiempo transcurrido entre mi primer visita y esta última, pero lo cierto es que el trato en esta oportunidad fue excelente. Predisposición, atención, corrección, sonrisas, agradecimientos, etc. Fueron las actitudes con las que me encontré en Francia. Muy lejos del trato entre despectivo y burlón con que recuerdo haber sido recibido la primera vez que visité el país.

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