Los diarios siguen "papelizando" sus ediciones online.

Mientras sus competidores de noticias online van por la vía rápida, los diarios siguen ocupados en "fundir" sus operaciones, tal la poco feliz expresión que utilizó Juan Luis Cebrían, Consejero Delegado del Grupo Prisa, en el artículo con que el diario El País de España anunció este acontecimiento.
Basta leer un poco para notar claramente que la preocupación sigue siendo "salvar" el diario papel. Con frases como "existirán si luchamos para que existan", "es la única forma viable para que dentro de 10 años siga existiendo", definitivamente centra el eje de la cuestión en la supervivencia del medio que está herido.
A priori parece lógico que un medio luche por su supervivencia, pero despierta curiosidad el hecho de que en un acontecimiento como ese, se haga hincapié en lo que hay que salvar y sostener, en lugar de mirar al futuro y apuntar a la enorme oportunidad de desarrollo que un medio como El País sigue teniendo en Internet, en donde ha logrado llegar a un número de lectores que con el diario papel nunca hubieran siquiera imaginado.
En el caso de El País, así como el de algunos otros medios, se habla además de una fusión del negocio. Todos sabemos los problemas que enfrentan los medios impresos como negocio, justamente. Está claro que fusionarlos implica trasladar todos esos problemas a la estructura online y poner en jaque también el futuro del nuevo medio.
Aun así los medios escritos, uno detrás del otro se van alineando y repitiendo la receta de la integración con sus medios online, mientras que paralelamente van también uno tras otro empezando a sufrir serios problemas económicos. Está claro que una cosa no está necesariamente relacionada con la otra, pero es obvio que en estructuras fusionadas, si el medio escrito tiene problemas de subsistencia, eso afectará a la totalidad de la empresa, medio digital incluído.
Por supuesto "salvar" el diario impreso además tiene su correlato económico, dado que aun cuando tienen en su mayoría un excelente nivel de ventas publicitarias, pocos medios han logrado por el momento que los ingresos de sus ediciones digitales equiparen a las de su predecesor. Y si además con eso se pretende sostener una estructura de las dimensiones de las del diario impreso, difícilmente será un negocio sustentable.
Pero los problemas de "fusionar" no sólo están relacionados con el negocio en sí. Es recurrente que en estas "fusiones" la estructura del diario papel sea la que tome el control real del nuevo medio. Esto implica que en la mayoría de los casos las estructuras digitales existentes o son relegadas o quedan subordinadas en la línea jerárquica, lo cuál implica que tanto las decisiones editoriales como las de negocio pasan a tener una influencia teñida de prácticas que poco tienen que ver con el nuevo medio. Esta es una generalización, está claro, pero ocurre con demasiada frecuencia como para no ser tenida en cuenta.
Es entonces cuando se vuelve reiterativo y hasta obvio recordar que los medios online no cuentan con tamaña "mochila" y pueden dedicar todos sus esfuerzos a crear nuevas formas de comunicación con sus lectores, mientras que los diarios tradicionales están ocupados en este tipo de tareas.
Un artículo de Jeff Jarvis en Buzzmachine.com, resume lo que puede llegar a ocurrir con el envejecimiento de las actuales audiencias y la llegada de nuevas generaciones que no se sientan tan idenficadas o atraídas por las marcas y la reputación de los medios actuales: "But perhaps it won't be a legacy player who breaks this digital barrier. A newcomer unencumbered by the costs, expectations, processes, traditions, and culture of a print newsroom and business could build a profitable online news franchise at low cost. It could operate more efficiently by working in collaborative networks with the community, extending journalism's reach there. It could serve a vast new population of very small advertisers who never could afford print."

Los diarios han tenido durante casi una década una enorme ventaja en Internet por sobre sus competidores online. Reputación, marca, enormes audiencias. Logrando trasladar todos esos atributos muy exitosamente a sus versiones digitales, con la consecuente gran cantidad de tráfico (y anunciantes) que en los últimos años han ido cosechando.
Paralelamente lograron mantener sus redacciones digitales livianas y ágiles y muchos de ellos lograron integrar una sólida operación con las áreas de desarrollo de producto y tecnología.
Hoy, sin embargo, resulta curioso ver que todos repiten la receta y que los ejemplos innovadores con los que lograron ese posicionamiento y ese crecimiento de sus ediciones digitales son sistemáticamente abortados desde las direcciones de los diarios con la toma de control por parte de las redacciones tradicionales o con la fusión de los negocios.
Uno tras otro van siguiendo el modelo como si repentinamente, el establishment del diario impreso hubiera tomado conciencia de que el apéndice aquel que apareció alguna vez como algo marginal se volvió importante y exitoso y necesita ser controlado por los "verdaderos expertos"; o como si alguien hubiera dicho que este en algún lugar es un modelo realmente exitoso.
Poner el futuro éxito del online en manos de quienes tienen en mente salvar el papel, luce como mínimo contradictorio.

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